ROMPIENDO PARADIGMAS EN METODOLOGÍA Y EVALUACIÓN ESCOLAR

Escrito Por: José Francisco Pavez González

En la promoción escolar del año 1969, en la escuela primaria en San Bernardo, por consenso de todos los profesores el curso más “malo y desordenado” era el “7°B”básico, un curso con alumnos entre los 13 y 19 años, (en mi caso era uno de los menores), el promedios de rendimiento general muy bajo y conductas casi delictuales, las pelea y el desorden eran pan de cada día.

Una de las asignaturas con mayor problema eran las matemáticas y geometría, el profesor presentó su renuncia a mitad de año porque sintió sobrepasada sus “capacidades”, el cual fue reemplazado por una señora madura, quien al momento de presentarse, nos dijo que todos íbamos a aprobar la asignatura y con buenas calificaciones, solo necesitaríamos lápiz grafito, un cuaderno de matemáticas con cuadro grande y una goma.

Para nosotros el que pudiéramos aprobar esta signatura nos llamó la atención, y pensábamos que era algo realmente imposible, conocíamos muy bien la opinión de todos los profesores anteriores.

Su primera clase fue solo de conversar y conocernos, nos contó que tenía mucha experiencia con los niños y jóvenes, puesto que era madre de 9 hijos y además hacía clases en la universidad.

En ese tiempo, el tema de matemáticas era álgebra y geometría, un lenguaje incomprensible, se saltaba de las cuatro operaciones básicas a las ecuaciones y números expresados con letra, lo más difícil que habíamos logrado entender era la “regla de tres simple”.

Cuando inició su primera clase, nos comentó que esperaba ver al curso con ganas de crecer y conformar un grupo que comprenda la importancia de los valores durante el aprendizaje, creciendo en el respeto y la lealtad, además nos comentó que sus clases eran un tanto diferente al resto de los profesores del colegio, pero nos pidió que “no lo comenten a nadie”. Encontramos en ella a una persona muy especial, consideraba a cada uno y preocupada de memorizar los nombres y apellidos de cada alumno, aseveraba con mucha confianza y firmeza los objetivos que se debían a lograr con el esfuerzo personal que cada uno debería hacer. Para nosotros era Imposible pensar en eso, puesto que la opinión de todos los profesores, era que “éramos flojos, irresponsables, inútiles, desordenados, etc., hacer que el grupo completo empiece a trabajar y estudiar, realmente era un desafío enorme, casi una locura .

El segundo día de clases, con el objeto de validar con su firma el instrumento de trabajo, preguntó por el “cuaderno de matemáticas” que había solicitado el primer día de clases, revisó por lista quien lo trajo y quien no , una vez terminada la lista, a los que se habían olvidado les dio una segunda oportunidad, luego inició una evaluación de diagnóstico y la primera presentación de los objetivos del mes que debíamos lograr , pero lo más asombroso fue que nos dijo que teníamos todas la libertad para ingresar o salir de la sala cuando lo estimemos conveniente, la asistencia a clases era voluntaria, pero esperaba que lográramos un objetivo específico en cada clase, haciendo énfasis en ello, las únicas exigencias que pedía eran: mantener un cuaderno de matemáticas ordenado, ( el orden del cuaderno lo iba a evaluar), el respeto, y el aseo tanto personal como el de la sala, si alguien quería abandonar la clase, debía hacerlo en silencio. Algo totalmente fuera de serie, para algunos “esta profesora estaba loca”.

Los primeros días entre el asombro y el sentirse libre de presiones, los comentarios se desataron dentro del curso , poder abandonar la sala de clases en cualquier momento en silencio y sin pedir permiso, salir a jugar, hacer deporte, o simplemente a conversar era una sensación de libertad extraña, pero agradable.

Después de algunas clases con algunos disgustos por nuestra conducta y otros momentos entretenidos por los logros, nos informa que tenemos que rendir la primera evaluación, situación que a muchos nos preocupó porque habíamos abandonado la sala en algunas oportunidades y por supuesto desconocíamos gran parte los contenidos.

Llegó el día de la prueba, nos pidió sacar una hoja del cuaderno para copiar los ejercicios del pizarrón y responder lo que realmente sabíamos, solo haciendo uso del lápiz y la hoja, y en completo silencio.

Una vez concluido el tiempo necesario para contestar la evaluación, esperábamos entregarla para que nos diera el resultado con sus respectivas notas el día siguiente, pero el asombro llegó nuevamente cuando pide que guardemos la hoja un momento bajo nuestro pupitre y comenzó a resolver y explicar paso a paso cada ejercicio anotados en el pizarrón, muchos se atrevieron sacar la hoja que habíamos guardado y empezaron a corregir sus ejercicios mientras se encontraba resolviendo a espalda del curso, una vez resueltos en su totalidad, nos pide que veamos nuestras respuesta y la comparemos con el desarrollo que había realizado y evaluemos nosotros con la nota que correspondía y guardáramos la evaluación. Grandioso, no hubo forma de copiar o pedir ayuda, pero nosotros teníamos que entregarle la nota a la profesora, algo insólito y nos daba la posibilidad de sacarnos la nota máxima sin ni siquiera preguntar o ponernos en duda, aunque no hayamos contestado ninguna, ¡así quien no aprueba la asignatura!, ¡por eso decía que todos íbamos a aprobar!, se pasó , ¡es una locura!, ¡, a todos nos puso la nota que entregamos. Todo el curso asombrado, lo importante era que habíamos salvado la primera prueba.

Por fin llego otro día de clases, la asistencia era completa, todos esperabas expectante cual sería la próxima sorpresa. Al llegar a la sala, después del saludo cordial, nos pide hacer un repaso de la materia para reafirmar nuestros conocimientos y para ello empieza nombrando como ayudante a Jaime quien era uno de los mayores del curso y había logrado la nota máxima, destacando lo que eso significaba y por lo tanto, está capacitados para resolver y explicarla paso a paso al curso. ¡Sorpresa!, Jaime no tiene ni la menor idea del desarrollo, está parado perplejo frente al pizarrón, la profesora le pide que dé una explicación, el mismo había entregado su calificación por lo tanto tiene que dar una explicación ahora.

Jaime confundido y tratando de buscar alguna excusa, siente que todo está confabulado en su contra, todo el curso lo observa mientras sigue tratando de encontrar alguna explicación para justificar, teme decir que mintió. La profesora se muestra irritada y reprocha haciendo ver que se siente engañada, recalcando que las mentiras conducen a problemas y bloquean la mente de las personas y sobre todo aquellos que están en un proceso de formación, que impiden el desarrollo mental y social, por lo tanto le pide volver a su asiento y valore su actitud, por ahora la nota es un 1 por la mentira y un 1 por el ejercicio.

El resto del curso siente pena por Jaime quien lideraba el “grupo de las peleas” y además sienten la preocupación mayor que es “salir al pizarrón” y pasar por la misma experiencia, pero continua la clase llamando a francisco, quien informó haber obtenido una de las notas más bajas, y le solicita que intente resolver el 2° ejercicio. Francisco nervioso pasa al pizarrón y le dice que no se encuentra preparado, la profesora lo observa en silencio y le pregunta si se atreve a resolverlo con la ayuda de sus compañeros, de lo cual responde que si mostrando un interés en ejecutar el desarrollo del ejercicio. A todo esto el curso completo se encontraban expectantes y con deseos de solidarizar con sus compañeros.

Francisco con la ayuda recibida por sus compañeros logra desarrollar el ejercicio y luego explicarlo paso a paso. La profesora muy alegre lo felicita y lo envía a su asiento informándole que había obtenido una nota máxima por haber logrado su objetivo y por otra nota máxima por su honestidad en la nota del certamen anterior, y además al curso completo una felicitación por la participación del grupo, explicó que era muy importante el trabajo de equipo y el interés personal en la tarea encomendada, el aporte hecho por cada uno fue fundamental para lograrlo, explicó que eso mismo ocurre en la familia, en las industrias y en la sociedad en general, que cada uno de sus integrantes son importantes, por muy pequeña que sea su aporte, es así como se logran los objetivos.

Las clase se sucedían una tras otra con una asistencia total a pesar de tener la libertad para ingresar o salir de la sala, El promedio general de calificaciones fue subiendo en la medida que nos aproximábamos al final de año, el respeto, la solidaridad, la reflexión, la honestidad y muchos otros valores fueron temas al descubierto que nos dejaban una enseñanza y estos a la vez nos permitía trabajar solos o en grupo.

Al llegar el tiempo de los exámenes finales, la Dirección resolvió que el curso debía ser evaluado por otro docente, el historial del curso no correspondía a las calificaciones que “estadística mente” demostraban estos alumnos, por lo tanto nuestra profesora tuvo que dar término unos días antes. Todo el curso intentó hablar con el Director para que volviera con sus clases, pero esto fue imposible, señalando que terminaba la fecha de su contrato.

La tristeza por la ausencia de nuestra profesora se veía reflejada en todo el curso, el interés, confianza y cariño demostrado a cada alumno fue la puerta que abrió el respeto y la lealtad hacia ella, con su actitud sólida nos motivo al estudio y a la unión e integración dentro del grupo curso.

El día del examen fue un día triste, pero a la vez muy desafiante para todos, debíamos confirmar lo que se mostraba en el libro de clases, cada uno trató de concentrarse en el desarrollo de la evaluación, los ejercicios eran conocidos y en más de una ocasión los habíamos resuelto en la pizarra, por cuanto nos resulto fácil desarrollar cada uno de ellos.

La clase siguiente fue extraordinaria, ya estábamos terminando el año y cerrando el libro de clases con las notas finales, el Director junto a otros profesores llegaron al curso para comentar los resultados obtenidos y con asombro y casi sin creer, comenzaron a dar los resultados del examen que habían diseñado para comprobar las notas que se encontraban registrada por la profesora y comprobando que se habían quebrado los paradigmas que estigmatizaban individualmente a cada alumno por ser parte de un curso con malos antecedentes.

Actualmente han pasado más de cuarenta años, y la experiencia vivida con esta profesora no se ha borrado de nuestras mentes, ella nos marcó para toda la vida con la entrega de su confianza y  la entrega de las herramientas necesarias para enfrentar la vida con su transversalidad en la forma de entrega sus contenidos y a la vez trabajando en libertad y motivados a desarrollar nuestras virtudes como seres humanos independientes, afloró en cada uno de nosotros el interés por conocerlos e intentar crecer con ellos, nos permitió descubrir y comprender que el complemento importante de la vida era el estudio, pero debe estar acompañado en todo momento por la responsabilidad, la lealtad, la perseverancia. Era asumir nuestras vidas con ganas y por sobre todo con esfuerzo y sacrificio personal , la “clave” para decidir estudiar y crecer juntos.

Todo cambio de actitud, está subordinado a los sentimientos. Hacer que un adolescente cambie su actitud a través de reproches, insultos o consejos es muy difícil que ocurra, su actitud cambia cuando siente que debe hacerlo (con sus sentimientos). La labor docente es encontrar la forma de enfrentarlo a la experiencia de vida más que intentar persuadir en el cambio de su conducta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente, me emocioné con la historia, lejos una de las mejores enseñanzas